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Papa Francisco se postra ante la ‘Virgen Morena’

PAPA1Ciudad de México; 14 de Febrero del 2016.-  Más de 13 años pasaron para que un papa regresara a oficiar misa en la Basílica de Guadalupe. Su Santidad Francisco llegó y la fiesta de fe estalló en la Plaza Mariana, 35 mil fieles lo recibieron con manifestaciones de alegría.

El papa Francisco recorrió el Atrio de las Américas en su vehículo que subió a una rampa acondicionada especialmente para que se acercara a los fieles que se ubicaron en la parte trasera de la Plaza Mariana.

El júbilo de recibir al papa Francisco se manifestó en porras, gritos e incluso lágrimas de algunos fieles.

El papamóvil concluyó su recorrido al frente de la Antigua Basílica de Guadalupe, hoy Templo Expiatorio de Cristo Rey.

Ahí el papa y los obispos que lo acompañaron en la misa, se revistieron y salieron en procesión hacia la Nueva Basílica.

Una casulla  blanca para la celebración dedicada a la solemnidad de Guadalupe, con la imagen de la Morenita al centro, así lo pidió el Papa Francisco.

El Sumo Pontífice recibió una antorcha para encender la Luz de la Misericordia, que permanecerá en la Villa para siempre.

Ya en el altar mayor de la Basílica comenzó la celebración. La homilía dedicada por supuesto a la Virgen de Guadalupe, a San Juan Diego y a la misericordia , a sentir compasión por los demás y a hacer algo por el prójimo, llamó el Papa.

“Sé mi embajador, nos dice, dando de comer al hambriento, de beber al sediento, da lugar al necesitado, viste al desnudo y visita al enfermo. Socorre al que está preso, no lo dejes solo, perdona al que te lastimó, consuela al que está triste, ten paciencia con los demás y, especialmente, pide y ruega a nuestro Dios”, señaló el papa Francisco.Al hablar de la aparición de la Virgen de Guadalupe a Juan Diego en 1531, el Papa Francisco dijo:

“En ese amanecer Dios despertó y despierta la esperanza de los pequeños, de los sufrientes, de los desplazados y descartados, de todos aquellos que sienten que no tienen un lugar digno en estas tierras. En ese amanecer, Dios se acercó y se acerca al corazón sufriente pero resistente de tantas madres, padres, abuelos que han visto partir, perder o incluso arrebatarles criminalmente a sus hijo”.

Decenas de sacerdotes dieron la comunión al interior y al exterior del santuario.

El cardenal Norberto Rivera agradeció así la visita del Papa a los fieles guadalupanos:

“Gracias por su cercanía y su amor que nos hace reconocer que debemos construir juntos esta casita sagrada, que es la Iglesia Católica, en el amor a los hermanos, en especial a los más necesitados. Gracias por seguir llamándonos a todos para unir esfuerzos, el alma y el corazón”

Y vino un momento emotivo, histórico en el que El Papa Francisco hizo un regalo a la Morenita del Tepeyac: una diadema que pronto será colocada en la imagen de Guadalupe.

Antes de retirarse del altar, el Papa dio un breve saludo al presidente Enrique Peña Nieto y a su esposa, la señora Angélica Rivera, quienes asistieron a la misa, al igual que otros funcionarios de su gabinete como el secretario de Gobernación, Miguel Ángel Osorio Chong.

Vino entonces el momento más importante para Su Santidad: subió al camarín que resguarda la imagen de la Virgen del Tepeyac.

Ahí se quedó el Papa Francisco en oración personal con la Morenita, a quien encomendó este, su primer viaje a México.

La instrucción del Pontífice fue que nadie lo apresurara, se tomaría el tiempo necesario. Fueron 20 minutos, a solas, con ella y el regalo que le trajo desde Roma.

Salió y ya en privado, saludó a los sacerdotes que integran el Cabildo de la Basílica de Guadalupe. También saludó a algunos empleados del recinto y firmó el libro de visitantes distinguidos.

El papa Francisco salió antes de las 8:00 de la noche del santuario, en su automóvil rumbo a la nunciatura apostólica.

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