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Más de100 premios Nobel acusan a Greenpeace

Arroz DoradoCiudad de México; 4 de julio del 2016.- La carta, se puede leer el original en inglés aquí, escrita en un tono particularmente duro, se dirige a “los líderes de Greenpeace, las Naciones Unidas y los gobiernos del mundo”. Insta a esta organización a “abandonar su campaña contra los organismos genéticamente modificados en general y el arroz dorado en particular”.

Una de las bases de esta crítica es la necesidad de duplicar la producción de alimentos hacia el año 2050, según las Naciones Unidas. Objetivo que sólo se podría llevar a cabo utilizando las innovaciones de la biotecnología. El arroz dorado, es una variedad de arroz modificada para producir un precursor de la vitamina A. Según sus propulsores, ayudaría a resolver los problemas de deficiencia de esta vitamina que sufren unos 250 millones de niños, de los cuales unos 500 mil quedan ciegos al año. La carta culmina preguntando “¿cuánta gente debe morir antes de considerarlo un crimen contra la humanidad?”

Por otra parte, estos científicos aseguran que diferentes agencias han encontrado que los cultivos y los alimentos genéticamente modificados son tan seguros como aquellos derivados de otros modos de producción y, hasta la fecha, no ha existido ningún caso de daños a la salud producto de su consumo. Afirman también que sus impactos ambientales son menos dañinos que las formas de cultivo tradicional, y que son una bendición para la biodiversidad.

Greenpeace, por su parte, publicó su respuesta el primero de julio. Allí afirma que los trasgénicos no son una solución al hambre, ya que en el mundo hay alimentos suficientes para todas las personas, pero un 30% se desperdicia, mientras el 75% de la superficie agrícola mundial se destina a pastos para ganado, a producir piensos para estos animales y biocombustibles, no a producir alimentos directos para los seres humanos. Respecto al arroz dorado, afirma que “se está defendiendo un arroz que no existe y que no se ha demostrado viable en 20 años de investigación como solución al hambre en el mundo”.

El comunicado de prensa de Greenpeace también deja asentado que no se oponen a la biotecnología ni a la investigación y uso de transgénicos siempre y cuando se haga en ambientes confinados y sin interacción con el medio ambiente (por ejemplo en aplicaciones médicas), pero si se opone a la liberación de transgénicos al medio ambiente porque pueden reproducirse, cruzarse y provocar daños irreversibles en la biodiversidad y los ecosistemas. Aseguran finalmente, que la seguridad a largo plazo de los alimentos transgénicos para los humanos y los animales sigue siendo desconocida, en particular a largo plazo.

La afirmación de Greenpeace de que el consumo de transgénicos es un riesgo directo para la salud ha sido siempre la más controvertida, ya que la inserción de un gen que aumente la producción de un compuesto inocuo no debería causar problemas (aunque deben descartarse interacciones genéticas que lleven a la expresión de caracteres no deseados). Pero si lo que se persigue es, por ejemplo, la resistencia al glifosato, existen dudas razonables sobre los efectos en la salud si restos de este compuesto y de otros asociados llegaran a los alimentos. Y la evidencia sobre los efectos acumulativos en las poblaciones rurales expuestas en forma directa son crecientes.

Por otra parte, la afirmación de la carta de los premios Nobel que los transgénicos aumentan la biodiversidad es ridícula y trágica. Por ejemplo, la extensión de la frontera agropecuaria impulsada por el boom de la soja transgénica en países como Argentina, Brasil y Paraguay ha disparado la deforestación en la región. Y dentro de la diversidad de los cultivos mismos, este modelo conduce a reemplazar las variedades tradicionales por una única variedad genéticamente uniforme.

Los transgénicos son una tecnología que involucra una variedad de técnicas diferentes y, efectivamente, pueden ser soluciones a determinados problemas. Pero, por ejemplo, el problema de la deficiencia de vitamina A se podría solucionarse de manera más eficiente si la población pudiera acceder a una dieta balanceada, solucionando de paso muchos otros problemas alimentarios. La misma conversión del beta caroteno (como el provisto por el arroz dorado) en vitamina A requiere de un buen estado de salud.

En la irracionalidad capitalista, la producción de alimentos está en manos de monopolios cuyo único interés es la mayor ganancia. Basta señalar que el paquete tecnológico (semillas, fertilizantes y plaguicidas) asociado al modelo transgénico está en manos de un puñado de empresas trasnacionales. Los verdaderos culpables del hambre en el mundo son Monsanto, Bayer, Basf, Dupont-Dow y Syngenta-ChemChina, entre otras empresas, y los gobiernos con quienes hacen negocios.
La oposición al modelo de agricultura actual no es anticientífica, por el contrario desnuda cómo el control monopólico del conocimiento y la producción impiden una solución sustentable a los problemas de la humanidad.

Santiago Benítez

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