Cultura

Los Alebrijes, artesanía de La Merced para el Mundo

alebrijesOaxaca Oax; 28 de Febrero del 2016.- Los alebrijes no son originarios de Oaxaca, como muchos suponen. Pedro Linares, cartonero de La Merced que en Semana Santa y Día de Muertos hacía judas, calaveras y máscaras, empezó a hacerlos alrededor de 1940, después de que un día cayó muy enfermo y en su delirio vio monstruos que, una vez repuesto, les dio cuerpo por medio de su arte. Moldeó burros con alas de dragón, gallos con patas de rana, peces con fauces y dientes desmesurados, todo un zoológico fantástico que pintó con vivos colores. Se dice que esos primeros alebrijes nadie se los compró y que sólo fueron valorados por Diego Rivera, que se quedó con algunos.

Luis Armando Haza, director de operaciones del desfile de alebrijes que anualmente organiza el Museo de Arte Popular, cuenta que hay otra versión del surgimiento de estas figuras: el pintor José Antonio Gómez Rosas, mejor conocido por su apodo, El Hotentote, pidió a Pedro Linares hacer una figura para adornar la fiesta del baile de máscaras anual organizado en la Academia de San Carlos, que tomara uno de sus judas y le pusiera alas de dragón y cola.

Asimismo se piensa, dice Haza, que hay una probable influencia en Linares de los dragones del barrio chino asentado en el Centro Histórico. Sea como fuere, los alebrijes de Linares se hicieron famosos no sólo en México sino en el mundo.

Esos cándidos monstruos, mezcla de humor e imaginación, fueron reconocidos como arte cuando en 1990 se le entregó el Premio Nacional de Ciencias y Artes a Pedro Linares (1906-1992).

En Oaxaca, en San Antonio Arrazola, se practica un arte parecido, cuyas figuras también son llamadas alebrijes, aunque en realidad se trata de tallas de nahuales o tonas de madera de copal. Son representaciones muy estilizadas de animales que en la cosmovisión zapoteca representan el destino y el alma de una persona, y que se asigna a los recién nacidos.

El calendario prehispánico tiene 20 tonas y en este bestiario los artesanos oaxaqueños se basan para crear obras reconocidas por los principales museos de arte de todo el mundo.

Se talla en madera de copal porque es manejable, suave y muy sinuosa, lo cual aprovecha el artesano para previsualizar el animal “que tiene dentro”.

No obstante, algunas figuras se arman con diversas piezas de madera, las cuales pasan por un complicado proceso de preparación consistente en baños con soluciones especiales para librarlas del ataque de insectos, y finalmente se pintan.

Oaxaca, cuna de los nahuales hechos de copal

SAN ANTONIO ARRAZOLA, Oax.- Cientos de animales tallados en madera de copal, pintados de colores vibrantes y llamativos, aguardan a visitantes que llegan a esta población de maestros artesanos, ubicada a 10 kilómetros, al sur de la ciudad de Oaxaca.

La vocación artesanal de esta comunidad zapoteca la hizo acreedora de la distinción de “Cuna del alebrije”, pero los artistas de su entorno prefieren llamarle “talla de madera”.

Don Manuel Jiménez Ramírez (1919-2006) fue el creador de la talla de animales fantásticos con madera de copal, refiere su hijo Angélico.

“Mi padre descubrió su talento de manera casual, pues mientras cuidaba el ganado, en la antigua hacienda de Arrazola, en las inmediaciones de la zona arqueológica de Monte Albán, comenzó el modelado de figuras de animales con arcilla”, recordó.

Después, don Manuel incursionó en el tallado de madera hacia el año 1945, como una manera de completar el sustento económico, ya que provenían de una familia de campesinos.

El artesano cultivó su vocación con otras aptitudes, como la de curandero y sanador al servicio de la comunidad.

Incluso, “presentía que en sus manos poseía bondades extraordinarias”.

Angélico, sentado en un banco con sus herramientas, recuerda que a su papá le gustaba trabajar la figura del tona o nahual, “porque es un hombre que se vuelve animal para curar a la gente y, según decía, en la época prehispánica eran como los doctores”.

Agrega que los animales incluían otros materiales, como ixtle y ramas de árboles, para dar mayor realismo a sus animales fantásticos y al nahual.

De acuerdo con el testimonio de Angélico Jiménez, “el uso del nombre alebrije fue a partir de que el Fondo Nacional para el Fomento de las Artesanías (Fonart), en los años 70, se encargó de la promoción de las artesanías de su padre.

Similitudes

“En ese entonces la dependencia del gobierno federal encontró similitud entre los animales fantásticos tallados por mi padre, con las figuras de cartón y de papel maché elaboradas por el maestro Pedro Linares, en la Semana Santa y Día de Muertos, en la Ciudad de México”.

Incluso, en esa época, Jiménez y Linares aparecieron juntos en un documental, donde son reconocidos como maestros del arte popular. “Fonart igualó (equivocadamente) ambas artesanías, y como consecuencia el nombre de alebrije se acuñó para las figuras de madera de copal y las de papel maché”, dijo.

“Mi padre siempre defendió el nombre de talla de madera, sin restarle valor al arte de cartón del maestro Linares”, subrayó.

De su padre, Angélico aprendió todo el proceso, desde la selección de la madera y el cuidadoso tallado hasta la satisfacción de crear piezas que han distinguido a su familia con un sello muy particular en el decorado, que siguen manteniendo: vistosos colores combinados con acierto y delicadeza.

Manuel Jiménez recibió el reconocimiento de Gran Maestro del Arte Popular Mexicano en 1996, y actualmente su hijo también forma parte de este grupo de destacados artífices.

Algunas obras de don Angélico se hallan en colecciones de Israel, Francia, Japón y Australia, e imparte clínicas de arte popular en universidades de Estados Unidos.

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