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Jimmy Morales, de la ilusión al desencanto

Guatemala; 14 de Enero del 2017.-  La elección como presidente de Guatemala de Jimmy Morales, un cómico de la televisión sin ninguna experiencia política, solo pudo ser posible por una suma de circunstancias atípicas con un denominador común: una corrupción escandalosa que terminó con su antecesor en el cargo, Otto Pérez Molina, y su plana mayor en la cárcel. El saqueo fue de tal dimensión que el jefe de la Comisión Internacional Contra la Impunidad en Guatemala (Cicig, patrocinada por la ONU), el magistrado colombiano Iván Velázquez, acuñó una frase para la posteridad: “El Partido Patriota [PP] fue una empresa criminal dedicada al expolio del Estado”.

Antes de la renuncia de Pérez Molina y la entonces vicepresidenta, Roxana Baldetti, ni Jimmy Morales ni su partido, el FCN-Nación, fundado por los militares retirados más ultramontanos de la época de la guerra civil (19601996), aparecían en las encuestas. Pero la figura de un advenedizo cuyo lema de campaña era “Ni corrupto ni ladrón” creció vertiginosamente hasta alcanzar un triunfo arrollador en las urnas y llegar al poder hace hoy un año.

Pasado 2016, ese capital político se ha desvanecido —su aprobación popular bajó del 80% al asumir el cargo a un 20% al término del primer año—, según una medición del Instituto de Problemas Nacionales de la Universidad de San Carlos (Ipnusac). Tras el primer curso de su mandato, el gobernante es percibido como un hombre con buena voluntad, pero inexperto y rodeado por tahúres del Misisipi que lo manejan a voluntad, para que las estructuras criminales incrustadas en todo el aparato estatal puedan continuar con sus tropelías.

“Ha sido un año de mucha desilusión. Existían expectativas muy altas de cambio y lo que tenemos es una continuidad de los gobiernos corruptos, agravada por notorias deficiencias en temas vitales como la sanidad pública, la educación y una red vial en estado calamitoso”, resume el analista Manfredo Marroquín, de Acción Ciudadana, la división guatemalteca de Transparencia Internacional.

Un juez retiró en septiembre el pasaporte a un hijo y un hermano del presidente. La justicia los investiga por el supuesto delito de presentar facturas a nombre de un restaurante muy ligado al mandatario y al partido de Gobierno por un desayuno colectivo de unos 12.000 dólares que no se llegó a celebrar. Este diario ha intentado contactar con el jefe de Estado para hablar sobre su gestión y este tema sin obtener respuesta.

“Podemos hablar de avances y retrocesos, pero no atribuibles a la Administración de Morales. Esto es algo inédito en un país con una fortísima tradición presidencialista y permite afirmar que hemos vivido el año más republicano de la historia”, señala Edgar Gutiérrez, director del Ipnusac. “Jimmy Morales ha sido incapaz de abrir un horizonte para enfrentar la problemática. No ha formulado una sola política pública, su aparato gubernamental está atrofiado y tampoco ha cumplido la promesa de luchar contra la corrupción y establecer la transparencia. Ha sido un presidente anodino”, concluye Gutiérrez.

El político novato

Lapidario resulta el análisis de Carlos Guzmán-Böckler, el padre de la Sociología en Guatemala: “Es una decepción. La gente esperaba un cambio que no se ve por ninguna parte”. Subraya que el hartazgo con los políticos de siempre llevó a la gente a apostar por una cara nueva, para terminar llevando a la presidencia a “un cómico de farándula barata”. Guzmán-Böckler remarca en diálogo con EL PAÍS que tras un año en la presidencia ya no puede decirse que Morales sea neófito en la política y le reprocha: “No sabe cómo resolver los problemas. Se ha entregado a los militares más casposos de la época de la guerra desde el primer momento y sigue sus dictados”. Añade que los escándalos de corrupción en los que se han visto involucrados su hermano y uno de sus hijos terminaron por sepultar su tarjeta de presentación como un hombre sin tachas. “Jimmy ahora teme a la Cicig y a la Fiscalía, porque sabe que sus familiares pueden ser procesados y encarcelados, una debilidad que los militares explotan magistralmente”.

Y agrega que por algunos actos de gobierno no se puede decir que el mandatario actúe a tientas. “Aceptó que sus titiriteros compraran a lo más podrido de los diputados para hacerse con un grupo mayoritario en el Legislativo. A esto se suman las maniobras para cooptar al Poder Judicial, colocando en puestos claves a jueces corruptos”, sentencia.

ELPAÍS

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