Con paseos nocturnos celebra cuatro siglos el Desierto de los Leones

4 de January de 2011 | 9:08 am

México.- El ex convento del Desierto de los Leones, ubicado al sur de la Ciudad de México, está oscuro. Son las siete de la noche, sólo se escucha el paso del viento, los animales que salen cuando la gente ya no está y uno que otro automóvil que pasa cerca del lugar.

En su puerta principal, un hombre ataviado de monje carmelita descalzo —con hábito café y capucha blanca— espera a los visitantes con una pequeña lámpara. Medio centenar de personas se reúnen frente a él, mientras éste les da la bienvenida con acento español:

––Sean bienvenidos a este santo Convento de Nuestra Señora del Carmen de los Montes de Santa Fe, como era su nombre original. Sus inicios se remontan a la orden de los Carmelitas Descalzos del Monte Carmelo, instituida por el profeta cuando se retiró a las peñas cavernosas por mandato divino.

Después de la breve introducción, entre el frío, las hojas que el viento lleva de un lado a otro y la oscuridad, como parte de las actividades para conmemorar el 400 aniversario de fundación del recinto actualmente conocido como Desierto de los Leones, comienza el recorrido.

El sitio de partida para los visitantes son los jardines. Ahí, el monje, personificado por el actor Fabricio Ruiz Andrade, cuenta tres leyendas. La primera sobre por qué el lugar era conocido como el Cerro de los Ídolos.

––Le llamaban así porque era el punto más alto que los carmelitas descalzos hallaron en el monte. En el lugar había un santuario para sacrificar niños. Hoy hay una capilla dedicada a San Miguel Arcángel, protector del desierto, señala Fabricio Ruiz Andrade.

La segunda leyenda que se relata en los Paseos nocturnos del desierto es la del hermano que abre la puerta.

––La leyenda cuenta que una vez uno de los curas del ex convento trabajaba en los jardines, cuando escuchó un ruido y decidió abrir una de las puertas traseras del lugar, al hacerlo entró un lobo negro quien lo persiguió para matarlo.

“Cuando el cura finalmente se pudo esconder en su cuarto, tomó su rosario y se puso a rezar, enseguida el lobo desapareció. Al contarle la historia a otros de sus compañeros, éstos le dijeron que se trataba del demonio y que a la puerta que había abierto sólo le era permitido acceder al prior o cura principal”, indica el actor.

El recorrido continúa. Las catacumbas son la segunda parada, donde los asistentes emplean velas para iluminar el lugar, así como lo hacían los curas carmelitas.

Al salir de las catacumbas, el monje se dirige a la nave mayor del ex convento, donde reúne a la gente que participó en la prueba piloto de estos recorridos nocturnos que se iniciarán a partir de febrero próximo, para conmemorar los cuatro siglos de la fundación del convento. Ahí continúa con las leyendas.

––Hubo una vez un incendio en una de las habitaciones del lugar. El fuego afectó la biblioteca y los monjes se refugiaron tras el manto de Santa Teresa de Jesús. La leyenda cuenta que los curas pusieron el manto sobre el fuego y éste se apagó inmediatamente, comenta Ruiz Andrade.

Además de estos recorridos nocturnos, la delegación Tlalpan planea realizar otras actividades para conmemorar el 400 aniversario del lugar, como conciertos, mesas redondas, conferencias y exposiciones.

Emiliano Balerini Casal • Milenio